¿Tienes decisiones pendientes?

Al cabo del día tomamos cientos de decisiones, la mayoría de ellas de forma inconsciente. Otras, las tenemos tan claras que no dudamos en elegir la que creemos como mejor opción. Y luego están aquellas en la que tomar una decisión se vuelve más complejo: consecuencias, implicados, recursos,…
Cada persona enfrenta de forma diferente esta toma de decisiones según sus conocimientos, experiencia y forma de ver la vida.
Hay modelos clásicos que nos pueden ayudar. Un esquema básico del proceso sería:

decisiones

A veces, nos cuesta simplificar tanto como en este diagrama, en especial cuando los sentimientos hacen su aparición, y tenemos que poner en marcha nuestras competencias emocionales.
Decidir sobre temas que no nos afectan parece que resulta como más aséptico, algo más lejano. El tema se complica cuando los afectados somos nosotros mismos, o nuestro entorno más cercano.
Cuando decidimos asumimos un compromiso con los resultados que queremos alcanzar. Normalmente pensamos que tomamos la mejor decisión posible, dadas las circunstancias en las que nos encontramos.
No decidir nada, también es una decisión. Decidimos esperar a que las cosas sucedan, sin que nosotros tengamos que intervenir para lograr los resultados.Y pocos resultados diferentes a los actuales tendremos, si seguimos haciendo lo mismo: nada.
Normalmente, se decide con la expectativa de conseguir un éxito, los mejores resultados, y se eluden decisiones cuando se quiere evitar el fracaso, o cuando no estamos seguros de sus consecuencias.
¿Qué decisión tienes pendiente de tomar?
¿Qué te hace que la retrases?
¿Qué miedos te frenan?
Pongamos todas las cartas sobre la mesa. Imaginemos todos los escenarios posibles. Hagamos los prototipos necesarios. Ver con tus ojos (o tu mente) los diferentes resultados, reduce en parte la incertidumbre ante lo desconocido, y agiliza la decisión. Pide ayuda, busca otros puntos de vista y enfoques diferentes al tuyo. Las personas ajenas a ese entorno y que nada tienen que ver con la situación, te pueden aportar un punto de frescura, visiones diferentes sin contaminar. Aún existirán escenarios que no controlemos, situaciones que se escaparán de nuestras manos, pero conoceremos otras posibilidades que hasta ahora no contemplábamos. Y eso ya es mucho.
¿Qué es lo peor que podría pasar? ¿Cuál es el peor resultado posible?
Una vez identificado, podemos actuar ¿Qué puedes hacer para minimizar sus consecuencias?
Ahora, podemos valorar de forma ponderada respecto a los objetivos a conseguir, todas las opciones conocidas, incluida la peor. Nuestra mente racional dispone así de más elementos decisorios precisos, entre los que se siente cómoda.
En cambio, toda decisión tiene un componente emocional que no podemos obviar. Descubrir las emociones que asocias a cada posible opción te proporcionará información muy valiosa para tu toma de decisiones.
A veces, esta parte emocional es la que más pesa para decidir, y elegimos una opción más con el corazón que con la cabeza. Instinto, corazonada, sexto sentido,… Llámalo como quieras, sigue siendo una forma muy humana de decidir.
Sea como sea, es nuestra responsabilidad decidir y asumir la responsabilidad de esa decisión. Sin miedos. Cree en aquello que elijas.
Retrasar una decisión no conduce a nada. Te deja estancad@ en el mismo sitio. Reduce tu incertidumbre y temor “visionando” los resultados, valora y elige. Conseguirás quitarte un peso de encima, y dejarás espacio libre en tu cabeza para que lleguen nuevas ideas.
!Ánimo!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s