¿Estamos todos?

La Física nos ha demostrado que cuando dos fuerzas opuestas (se mueven en sentido contrario), actúan sobre un mismo cuerpo, se produce un “equilibrio”, es decir, un reposo aparente. Nada se mueve.


Éste principio es válido también para nuestras organizaciones. Hay algunas, que aún siendo pequeñas en el número de sus componentes, son tremendamente pesadas y lentas. Diminutos mastodontes inflexibles, incapaces de reaccionar a tiempo ante los cambios y mucho menos de adelantarse a ellos. Otras se quedan en “reposo perpetuo” esperando sin remedio su extinción.

Para que se de el movimiento, es necesario aplicar la energía necesaria para vencer la inercia y que la organización cambie de lugar, pase de estar en un sitio para llegar a otro. Ésta energía la produce la visión compartida de la organización, una percepción colectiva de lo que es importante, un rumbo que vincule a la gente y que les impulse a cumplir tanto los objetivos comunes como las aspiraciones de cada uno de sus miembros. Todos a una.

Y desde luego, nadie quiere moverse en una dirección en las que su expectativas no puedan ser realizadas. Sólo puedo compartir la visión de la organización cuando ésta me permite también cumplir mi propia visión personal. Entonces es cuando estoy en disposición de poner toda mi energía en esa dirección. No sólo cumplo los propósitos organizacionales, sino también los míos.

Necesitamos que todos tiremos del mismo carro, en la misma dirección y con toda nuestra fuerza para poder avanzar.

Si las visiones personales de nuestra gente no están alineadas con la visión corporativa tendremos fuerzas opuestas que nos llevarán al “reposo” de la organización, al no-movimiento y por lo tanto, condenados a la rigidez y el anquilosamiento. Tendremos gente que pone toda su energía en dirección opuesta a la que desea la organización.

Llega el momento de preguntarnos si todos los que formamos parte de la organización nos movemos por las mismas coordenadas, con las mismas expectativas, por el mismo camino que nos lleva al objetivo deseado.

¿Estamos todos embarcados en el mismo buque?

¿Estamos todos trabajando en una única dirección?

¿Conocemos las visiones personales de nuestra gente?

¿En que medida nuestra organización les permite alcanzarlas?

¿Los objetivos organizacionales permiten desarrollar y alcanzar esas visiones personales?

Conocer a las personas es el primer paso para saber si podemos compartir visiones y trabajar juntos para alcanzar las expectativas de ambos.

Os animo a indagar y explorar a vuestro alrededor.

Un saludo y feliz semana.

Lola Sánchez

www.ideacoaching.es

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