Consciencia

Todos los días y a cualquier hora están ocurriendo millones de cosas a nuestro alrededor de las que somos incapaces de darnos cuenta.
Una mirada, un gesto, una flor que se abre, un sonido, el cambio en la dirección del viento, el latir de nuestro corazón o el destello fugaz de un sentimiento.
Nuestro cerebro va registrando y almacenando muchas de ellas pero somos nosotros, con nuestra propia consciencia los que decidimos a qué le vamos a prestar atención y a qué no. Somos capaces de decidir a qué aspecto de la realidad que nos rodea vamos a estar atentos y cuáles vamos a ignorar.
Un ejemplo sencillo, de fácil comprobación:  vamos subidos en un coche, rodeados de cientos de ellos y de todos los colores a los que no prestamos atención. Si de repente decido pensar en coches blancos empezaré a darme cuenta de la cantidad de coches blancos que tengo a mi alrededor. Antes no los veía, ahora me doy cuenta de los muchos hay.
Igual ocurre con el resto de la realidad que vivimos cada día. Tenemos la maravillosa capacidad de ajustar nuestro “sintonizador” para percibir más o menos cosas de la realidad: es nuestra consciencia. Podemos ampliar la recepción o reducirla. Es una facultad muy valiosa en los humanos y que poco aprovechamos.
Las elecciones que hacemos constantemente están irremediablemente relacionadas con el nivel de consciencia que tengamos y esas elecciones incluyen todos los aspectos de nuestra vida en general. Podemos decidir ser responsables ante nuestra realidad o sustraernos a ella. Verla o ignorarla.
Vivir de manera consciente es mucho más que ver o dejar de ver, significa actuar de acuerdo con lo que vemos y conocemos. Y no sólo lo que vemos en el exterior, sino también en el interior de uno mismo. Si soy consciente en mis relaciones con los demás podré percatarme de un suspiro de mi compañera de mesa. Entonces puedo decidir preguntarle si le puedo ayudar, si le ocurre algo, o seguir con mi tarea sin mirarla. Si soy capaz de recocer el sentimiento de angustia que me produce realizar una tarea puedo entonces decidir analizarla para abordarla por partes, delegarla o dejarla en la carpeta de pendientes de hacer.
Cuanto más conscientes seamos de la realidad que nos rodea, más fácil nos será tomar decisiones acertadas. Y sobre todo actuar de forma congruente con nuestros propósitos, valores y metas.
Somos los únicos responsables de nuestra vida. Y el ser  más conscientes nos permite ejercer esa responsabilidad libremente. Hacer elecciones con mayor conocimiento.
Podemos elegir conocer o no conocer, pensar o no pensar, ser receptivos o cerrados, ver la verdad o ignorarla, tener una mente abierta o cerrada,  ser razonables o irracionales, ser responsables de nuestra consciencia o apagar el “sintonizador” (una postura mucho más fácil y cómoda, por supuesto).
¿Qué pasaría si fuéramos un poco más conscientes en nuestra profesión?
¿Y qué pasaría si lo fuéramos con nuestra pareja o con nuestros hijos?
¿Y si lo fuéramos con nuestros clientes?
¿Y con nosotros mismos?

Puedes hacer la prueba. Intenta ser más consciente en algún área de tu vida, sólo por unos minutos. Abre los ojos y pon en ello todos tus sentidos. Analiza lo que ocurre y toma las decisiones en consecuencia. ¿Qué ha pasado?
Deseo de verdad que todos podamos ser un poco más conscientes y que actuemos en base a ello.
Feliz semana.

Lola Sánchez
http://www.ideacoaching.es

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