Parásitos

 

Si tenemos una manguera para regar el jardín y todo su recorrido está lleno de agujeros, lo más probable es que el agua se salga por ellos y llegue muy poca cantidad al final. No tiene fuerza, pues se ha perdido por el camino.   

  Lo mismo nos pasa en nuestra vida diaria. Tenemos a nuestro alrededor un buen montón de “parásitos” que nos van chupando fuerza, restando energía, hasta conseguir que nuestro resultado final sea pobre, débil.  Nos consume poco a poco. Y aún así lo toleramos. Dejamos que se escape nuestra energía por sus agujeros.

  Alguno de estos bichitos son humanos (ese compañero que no deja de colarse  en tu despacho, el superior que llama a cualquier hora, un colega pesimista,…).Pero otros muchos no lo son: mirar el correo cada 15  minutos, una comida de tres horas, la bandeja de los asuntos atrasados, una tarea pesada en indeseable que no terminamos de hacer, las reuniones sin sentido,… Otras cosas pueden ser más personales, asuntos pendientes en casa,  y en fin, todas aquellas cosas que sabemos que tenemos que hacer y no hacemos, y que además nos martillean constantemente.

  Todas estas cosas, nos van dando vueltas en la cabeza, no nos permiten centrarnos en lo importante y nos van restando fuerza y potencial. Nos “chupan” la sangre. No están aportando nada, excepto pérdidas (de tiempo, recursos, concentración,…).

  ¿Qué hacer con ellas?

Sólo hay tres posibilidades:

  •   Hacerlas de una vez
  •   Delegarlas, si podemos
  •   Olvidarnos de ellas para siempre

“Lo que no puedas hacer tú delégalo, y lo que no puedas hacer ni delegar, olvídalo”.

  Lo importante es dejar de vivir con ellos compartiendo el 100% de tu día ( y a veces hasta de tus noches), y poder liberar tiempo, recursos y espacio para otras cosas más importantes. Tener la mente preparada para crear, idear, pensar, reflexionar, programar, ejecutar,…, pero no para estar dándole vueltas una y otra vez a las mismas cosas.

  Tenemos que conseguir  poder  ir tapando los agujeros de la manguera,  para que pueda llegar toda el agua posible a los rosales.

  Evidentemente, no tener ningún parásito es difícil, no lo niego, pero muchos pueden desaparecer. O al menos que trabajemos con la tendencia a “parásitos cero”, tener los mínimos posibles.

 

  Ya verás como con menos “bichitos” en tu cabeza, tu rendimiento es mayor.

 

  Un saludo,

 

  Lola Sánchez

www.ideacoaching.es

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