Talentos

 

  Tradicionalmente,  nuestros modelos de aprendizaje se han basado en machacar sobre las cosas que hacemos  mal,  insistiendo en mejorarlas, aún a sabiendas de nuestras limitaciones.  A un/a  adolescente al que le va fatal en matemáticas, por poner un ejemplo,  se le machaca con clases de refuerzo, horas extras y posiblemente hasta con un fin de semana sin salir por un agudo suspenso, cuando ha sido capaz de sacar un notable en historia. No se le premia y alienta por sacar buenas notas en otras asignaturas, dejándolo en libertad para que se desarrolle por ese camino, sino que se le obliga a mejorar sus calificaciones en algo para lo que no ha nacido.

  Esta es nuestra forma de enseñar, al menos la que hemos tenido los habitantes de mi generación, y el sistema en el que muchos  hemos crecido. Se ha premiado el esfuerzo por mejorar allí donde la mejora quizás no  sea muy importante.

  Soy de las que pienso que pocas cosas resisten a la fuerza del entrenamiento, pero aún así, nunca podremos ser excelentes en algo que no está hecho para nosotros.

  Todas las personas nacemos con unos talentos que nos son innatos,  con los que nuestra mente y cuerpo funcionan al máximo de su eficiencia, con un perfecto equilibrio físico-químico y emocional.

  En coaching, es necesario conocer perfectamente tus puntos fuertes, tus talentos naturales, y tus puntos débiles, por muy doloroso que sea este proceso. Es imprescindible para saber los recursos con los que cuentas, y para los que tendrás que buscar apoyos. Pero desde luego, no para insistir en mejorar lo que falla, sino para potenciar aquello que ya hacemos bien.

   Si somos capaces de trabajar en nuestros puntos fuertes,  desarrollarlos al máximo y darlos a conocer al mundo, estaremos creando palancas que nos ayuden a minimizar los efectos que puedan provocar los puntos débiles que tengamos, pero sin gastar nuestras energías en ellos, sino en desarrollar nuestras destrezas.            

  Identificar nuestros puntos fuertes,  tener claro  aquellas cosas con las que nos sentimos a gusto haciéndolas, fijarnos en los pequeños detalles que nos hacen sentir bien, nos lleva a una orientación de soluciones positivas, que nos permitirán avanzar en nuestros proyectos de forma mucho más rápida y coherente que si nos empeñamos en mejorar nuestras debilidades.

  Trabajar en cosas que no se ajustan a tus habilidades y potencial,  te consumirá un tiempo y esfuerzo ingente para hacer que funcionen con mediocridad. En cambio, cuando te concentras en hacer aquello para lo que naciste, todo fluirá de forma natural.

 

  Dedica un tiempo a conocerte, y a identificar tus puntos fuertes; tu vida lo agradecerá.

 

 “Quizás no puedas ser todo lo que tú quieras ser, pero puedes muchas más cosas de lo que tú ya eres”

 

 

Lola Sánchez

www.ideacoaching.es

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